Espacio para Sanar
- Eleonora Mosca Kriedel
- 6 jun 2020
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 25 jun 2020
Hace mucho no tenía un rato para descansar 15 minutos en la tarde...
El tiempo me tenia a mi, no yo al tiempo.
Leí en varios lugares interesantes que si esperas que el tiempo te de tiempo, allí quedarás esperando; el tiempo hay que tomarlo, hay que decidir y no dejar que él decida.
En fin, lo cierto es que manejaba los conceptos pero seguía atrapada en sus redes.
La rutina y la programación inconsciente personal y sistémica, me tenían hipnotizada y con excelentes motivaciones.
En esa siesta de 15 minutos reparé en algo que sucedió previamente en mi vida y mi familia, mi nena de 2 años (Emma) manifestó algunas veces cierta alergia a las picaduras de insectos, y si me conoces, ya sabés que a todo le hago la pregunta: ¿Para qué? o ¿Qué me quiere contar esto?
Y sin duda que lo intuía, sentía y me generaba absoluta incomodidad ver cómo su cuerpito, que cuidamos con tanto amor, estaba representado esa herida tan visible y tan clara. Pero no me daba el tiempo y el espacio para leer el cuento de su piel más profundamente, para tomar las medidas que sentía eran simples pero coherentes para este momento. No me daba el tiempo, no generaba el espacio y ella resistía los tipos de cuidados que le planteábamos, cremas, homeopatía o frases que no fueran de lo más profundo del corazón.
Poco antes que el mundo pare casi estrepitosamente, seguramente ya influenciada por esta ola de parar, llegaron palabras adecuadas que confirmaron que era momento de tomar otras medidas, de aceptar esos límites que era preciso poner. Alguien que es parte de nuestra familia de corazón me dijo algo que ya sabía pero no daba lugar: “Ella lo está mostrando por vos, porque vos aguantas y sabes seguir igual aunque te digan .......“ y si, es verdad, me ha sido fácil priorizar armonía por cuidado.
Esos “ataques “ en sus piernitas que destilaban líquido, estaban siendo tan gráficos que cuando realmente me di el tiempo, se abrió el espacio para sanar, un movimiento adentro, un movimiento afuera y ella empezó a recibir feliz el Tea Tree, las cremas, la homeopatía y rápidamente empezó a sanar.
Tome mi parte y agradezco la oportunidad sin padecerlo o lamentar, sin “querer“ haberlo hecho antes. Acepto eso y acepto más aún.
Cuando reflexiono de este momento de la humanidad también siento un poco lo mismo, ganas de tomar mi responsabilidad de ver qué me cuenta la vida, qué espacio - tiempo es precioso tomar para poder generar una nueva realidad, qué movimientos afuera y adentro manifestar para contribuir.
Así como los granitos que estaban estallando e igual me costaba cambiar adentro y no solo querer tapar afuera, así está nuestro mundo a veces... reventando de ataques, y cuando los miramos y cuidamos un poco con amor y hacemos nuestra parte, empieza a cicatrizar, también a su tiempo y con algunas huellas, las huellas del despertar y de la oportunidad a tomar.
Somos uno, nos influimos, nos tocamos de una u otra forma.
¿Cómo elijo influir en el mundo?
¿Que parte de la herida puedo sanar si me animo a darme el tiempo de hacer mis movimientos?
La vida es sencilla dicen, lo difícil es ser sencillo.







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